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El entorno en el que crece un niño tiene un profundo impacto sobre la formación del cerebro.2 El cerebro de un bebé crea hasta 1.8 millones de nuevas conexiones sinápticas por segundo, y las experiencias de un bebé determinarán cuáles sinapsis se conservarán.3

La estimulación multisensorial, lo que un bebé siente, ve, oye y huele, ayudará a promover la supervivencia a largo plazo de las conexiones sinápticas durante el desarrollo del cerebro.3 Los bebés necesitan estimulación y cuidado para crecer y desarrollarse.2 La estimulación sensorial es particularmente esencial en el desarrollo temprano; durante los primeros 3 años de vida hay un desarrollo rápido de la mayoría de las vías neurales de comunicación, desarrollo social, comprensión y bienestar emocional.2

Se ha demostrado que la estimulación multisensorial mejora el desarrollo del cerebro2,3,4 y por ende ayuda al desarrollo general de un bebé saludable. Estimular varios sentidos le envía señales al cerebro que fortalecen los procesos neurales del aprendizaje.2 Las investigaciones también han demostrado que a través de experiencias multisensoriales constantes, los bebés obtienen beneficios para un desarrollo saludable, como reducción del estrés en bebés prematuros y sanos5,6 y una progresión más rápida al amamantamiento, lo cual llevó a darle de alta más rápido a los bebés prematuros en el hospital.7

Un creciente número de estudios han demostrado una gran variedad de beneficios de la estimulación multisensorial. Un estudio de estimulación multisensorial auditiva, táctil, visual y vestibular demostró que la intervención de enriquecimiento sensorial aumentó el estado de alerta de los bebés prematuros (n=37), aumentó el amamantamiento y redujo el tiempo de hospitalización por 1.6 semanas.7 Este estudio incluyó bebés prematuros (n=12) que nacieron entre las 23 y 26 semanas de gestación con ecografías cerebrales normales y (n=25) bebés que nacieron entre las 23 y 31 semanas de gestación con lesiones del sistema nervioso central. Los bebés prematuros en el grupo de estimulación recibieron estimulación multisensorial auditiva, táctil, visual y vestibular durante 15 minutos, dos veces al día, 5 días a la semana hasta que fueron dados de alta, y se compararon con los bebés que recibieron la atención estándar.

La estimulación multisensorial aumentó el estado de alerta de los bebés prematuros, aumentó el amamantamiento y redujo el tiempo de hospitalización por 1.6 semanas.7

La estimulación multisensorial auditiva, táctil, visual y vestibular consistió en hablarle directamente al bebé en una voz suave y calmante (estimulación auditiva) mientras se le proporcionaba contacto piel a piel mediante un masaje (estimulación táctil) y el mayor contacto visual posible (estimulación visual), seguido de mecerlo horizontalmente (estimulación vestibular).7

La estimulación multisensorial auditiva, táctil, visual y vestibular también se ha estudiado en bebés sanos para reducir los niveles de estrés.6 El estrés afecta directamente el desarrollo del cerebro desde la gestación,8 y continua teniendo un efecto sobre el cerebro mientras éste se desarrolla durante los primeros tres años de vida, los cuales son críticos.2

Se observaron niveles reducidos de estrés (cortisol) en los bebés (n=40) que recibieron estimulación multisensorial auditiva, táctil, visual y vestibular, en comparación con aquellos que no fueron expuestos a la estimulación multisensorial. Los bebés en el grupo de estimulación recibieron estimulación multisensorial durante 15 minutos. Se tomaron muestras de saliva antes, inmediatamente después y 10 minutos después de la estimulación multisensorial. Los bebés que recibieron estimulación multisensorial mostraron una disminución constante significativa de los niveles de cortisol a través del tiempo.6

La estimulación multisensorial, incluyendo hablarle al bebé en una voz suave y calmante (estimulación auditiva), proporcionarle contacto piel a piel mediante el masaje (estimulación táctil), y establecer el mayor contacto visual posible (estimulación visual), puede ayudar a reducir el estrés, medido por los niveles de cortisol, en los bebés, permitiéndoles aprender, pensar y crecer.

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